El idioma aymara: riqueza cultural y desafíos en el siglo XXI

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El idioma aymara, hablado por más de dos millones de personas en la región andina, representa una de las expresiones culturales más antiguas de América del Sur. A pesar de su extendida presencia en países como Perú, Bolivia y Chile, su situación actual es considerada frágil por los especialistas, debido a factores como la discriminación histórica, la escasa transmisión intergeneracional y la falta de políticas educativas efectivas. Sin embargo, su riqueza lingüística, estructura gramatical única y diversidad territorial convierten al aymara en una lengua de gran relevancia cultural y antropológica.

Un conjunto de idiomas que van más allá de un único sonido

Contrario a lo que se suele pensar, el aymara no es un idioma único sino una familia lingüística. Dentro de esta familia, actualmente subsisten dos lenguas principales: el jaqaru, con apenas unos cientos de hablantes en las montañas de Lima, y el aymara sureño, hablado en las zonas altiplánicas del sur de Perú, Bolivia, el norte de Chile y, en menor medida, el sur de Ecuador y el noroeste de Argentina.

El jaqaru, también conocido en su variante como cauqui, se encuentra en peligro crítico de desaparición. La escasa cantidad de hablantes, en su mayoría personas mayores, y la falta de conocimiento público sobre su existencia incluso en regiones donde se habla, evidencian la necesidad de estrategias urgentes de preservación. El aymara sureño, por su parte, mantiene una presencia más estable, pero enfrenta desafíos similares en cuanto a su vigencia entre las nuevas generaciones.

Una formación lingüística única y retadora

Un rasgo característico del aymara es su naturaleza aglutinante. Esto implica que una sola palabra puede integrar varios elementos gramaticales mediante la adición de prefijos, sufijos e infijos. De esta manera, es posible crear palabras de más de 30 letras que comunican ideas complejas, abarcando sujeto, tiempo, modo y número, en una única expresión.

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Este rasgo no solo lo distingue de manera significativa del español, sino que también lo coloca en la misma categoría tipológica que otros idiomas como el quechua, el japonés o el turco. La gramática del aymara facilita la expresión de ideas de forma resumida, haciéndolo un idioma sumamente eficiente, aunque complejo para aquellos que no lo tienen como lengua nativa.

También, posee características fonéticas peculiares, como la supresión de vocales cuando se combinan diversos sufijos, lo cual puede generar secuencias consonánticas complejas de articular. Su composición sintáctica también varía del español, puesto que el sujeto tiende a colocarse al final de la oración, un rasgo que comparte con el inglés.

La comunicación verbal y la diversidad geográfica

El aymara es una lengua marcada por su tradición oral. Durante siglos, la información cultural, religiosa y social se ha transmitido sin registros escritos, lo que ha dificultado su documentación formal. Recién a partir de la segunda mitad del siglo XX comenzaron los estudios académicos para sistematizar su gramática y ampliar su uso escrito, una tarea que aún continúa con la recolección de saberes comunitarios.

Otra característica relevante del aymara es su variación geográfica. Aunque el aymara sureño se considera una lengua común, presenta diferencias dialectales entre regiones. Por ejemplo, en la región chilena de Tarapacá se utiliza un léxico distinto al que se habla en zonas del altiplano boliviano como Oruro o La Paz. En Perú, las variantes predominantes se encuentran en los departamentos de Puno, Tacna y Moquegua.

Las discrepancias no obstaculizan el diálogo, sino que muestran la influencia de los idiomas locales y la manera en que el idioma se ajusta a contextos sociales y culturales particulares. Es un fenómeno parecido al observado en otras lenguas, como el español, que también exhiben variaciones según la región pero mantienen una coherencia comunicativa.

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El estigma y el futuro del aymara

A pesar de su riqueza lingüística e histórica, el aymara enfrenta obstáculos sociales que amenazan su continuidad. Muchos hablantes, especialmente en contextos urbanos, ocultan su conocimiento del idioma por miedo a la discriminación. Este fenómeno, heredado de siglos de marginación cultural, ha generado un sentimiento de vergüenza y ha obstaculizado la transmisión intergeneracional de la lengua.

Además, la falta de docentes capacitados para enseñar desde una perspectiva intercultural, así como la escasa presencia del aymara en espacios educativos formales, limita las posibilidades de revitalización. Las leyes de reconocimiento oficial no siempre se traducen en políticas prácticas, lo que profundiza la distancia entre el discurso institucional y la realidad comunitaria.

Ante esta situación, es importante resaltar la urgencia de incorporar elementos culturales y lingüísticos en la educación de profesores y en las universidades. Hacer visible el aymara como un componente fundamental del legado cultural andino es crucial para asegurar su preservación.

Un idioma que lucha por no ser olvidado

El idioma aymara no solo representa un medio de comunicación, sino también una cosmovisión, una forma de entender el mundo y una conexión directa con las raíces ancestrales de millones de personas en los Andes. Su preservación depende tanto del esfuerzo institucional como del reconocimiento social de su valor.

En un entorno de globalización y uniformidad cultural, proteger lenguas como el aymara representa un acto de diversidad y resistencia. Su porvenir depende de la habilidad de las comunidades, los gobiernos y las instituciones educativas para trabajar de manera conjunta en su recuperación y revivificación. Según un famoso proverbio en aymara: Nax jiwäwa. Akat qhiparux waranq waranqanakaw kutt’anïxayo moriré, pero mañana volverán millones.